Aunque No te preocupes, no irá lejos no es una película subversiva o del todo original, Gus Van Sant logra hacer de ella un intento por rebasar las convenciones de la superación personal.

Existen dos versiones de Gus Van Sant, el director de No te preocupes, no irá lejos: uno que mira y uno que cuenta. En los primeros años de su carrera, y hasta Paranoid Park (2007), ambos convivían en lo que daba la impresión de ser un inusual juego de mesa: aparecían por turnos poco definidos pero evidentes cuando cada tantas películas resurgía uno u otro. En esa época predominaba el director de filmes visionarios como Mala Noche (1986), Gerry (2002) o Last Days (2005). La estética de estas obras tiende al silencio, a la contemplación y, en pocas palabras, al misterio. La audiencia no las veía para entender a los personajes, sus problemas o siquiera su temporalidad. Más bien Van Sant intentaba con ellas una experiencia parecida a la realidad misma: confusa e inabarcable. Sin embargo, entre estas películas aparecieron otras más claras, más narrativas —y más populares—, como Mente indomable (1997) y Descubriendo a Forrester (2000). Completamente opuestas a su obra más experimental, estas cintas se orientan al sentimentalismo y a las convenciones del cine industrial sin ser del todo parte de él. Algo en su moralidad, en sus temas y en su realización dejaba ver al subversivo de su otra filmografía.

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Desde hace unos años, Van Sant se ha consagrado a este último estilo sin mucho éxito pero su más reciente película, No te preocupes, no irá lejos, logra romper la mala racha gracias a un elenco brillante y un estilo que, si bien no nos trae de vuelta al Van Sant más original, sí nos ofrece al convencional en buena forma.

Ya con el solo título, la película promete un tono excéntrico para contar la historia del caricaturista estadounidense John Callahan. Alcohólico, discapacitado, rebelde y furioso, Callahan (Joaquin Phoenix) es una figura controvertida dentro y fuera de la película por su hostil sentido del humor pero Van Sant no cae en las trampas usuales de las cintas biográficas, es decir, se rehusa a presentar a su protagonista como un santo intachable. Al contrario, mientras comprende de dónde venía la sátira de Callahan —un hombre huérfano y sobreviviente del abuso sexual—, Van Sant da también voz a los detractores, que a veces incluyen a sus seres queridos. La imagen general que presenta la película es, ante todo, la de un ser humano caído que se apoya en otros para levantarse con torpeza mientras se burla de su bolsa de orina.

Mediante recursos como las caricaturas animadas del propio Callahan, algunas tomas que simulan un estilo documental de los 80 y una aparición fantasmal de pésima calidad, Van Sant logra comunicar el tono en el que al propio caricaturista le hubiera gustado que lo representaran. A veces Van Sant simplemente se brinca las escenas sentimentales que sólo caerían en el lugar común, mientras que en la secuencia que lleva a Callahan a perder sus piernas nos encontramos con un tono tan irreverente como el de Fear and Loathing in Las Vegas (1998), que logra balancear el humor de una borrachera inaudita con la desazón absoluta del desastre.

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no te preocupes, no ira lejos

Joaquin Phoenix, como suele hacerlo, asume su papel con sus gestos y deja ver en su mirada o en el ritmo de su voz el patetismo que esconden sus chistes.

Quizás este balance entre el humor y el sentimiento habría sido imposible sin el elenco que reunió Van Sant. Phoenix, como suele hacerlo, asume a Callahan con sus gestos y deja ver en su mirada o en el ritmo de su voz el patetismo que esconden sus chistes. Donnie Green, el líder de un grupo de alcohólicos anónimos, podría ser una caricatura si no fuera por la destreza interpretativa de Jonah Hill. Green cree en un ser supremo al que llama ‘Chuckie’, como el muñeco asesino, y es además un excéntrico millonario que deja ver su homosexualidad en gestos abiertamente femeninos. Sin embargo Hill le da a todas esas máscaras la seriedad que necesita su personaje para sostenerse a sí mismo y a su grupo. En sus breves pero significativas apariciones, Rooney Mara y Jack Black son también formidables como Annu, la novia de Callahan que le regresa el sentido a su vida con ternura y paciencia, y Dexter, el simpático borracho que vive con la culpa de haber inhabilitado a su amigo.

Si bien No te preocupes, no irá lejos no es una película subversiva o del todo original, me parece que Van Sant logra hacer de ella un intento por rebasar las convenciones de la superación personal. Ya eso es suficiente para redimirse después de los años infértiles de esta década y, en el mejor de los casos, es un anuncio del gran regreso que podría avecinarse.

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